Cuando se tomó la decisión de legalizar la marihuana en diversos estados de Estados Unidos, el gobierno pensó que sería la manera de acabar con la venta ilegal de esta sustancia. Pero, en realidad, lo que han hecho ha sido complicar la situación más y hacer que la policía tenga que trabajar el doble. En lugares como California, el mercado está totalmente descontrolado.

El plan que tenía en mente el gobierno era claro. Si legalizaban la marihuana y ponían productoras oficiales trabajando en ello, así como un circuito de distribución legalizado y supervisado, evitarían problemas con traficantes, delitos y situaciones peligrosas.

Todo sonaba bien. Pero los traficantes ilegales y productores de marihuana sin licencia, no quisieron retirarse del mercado de repente. Por ello, han buscado la manera de continuar con su actividad vendiendo su marihuana por los mismos medios que lo hacían antes: en las calles. Y el problema para los comerciantes legales es que los precios que ofrecen los vendedores ilegales se están reduciendo a velocidad de vértigo.

Los márgenes de los traficantes se reducen para que los precios de venta de su marihuana puedan ser incluso del 50% de lo que cuesta en tiendas oficiales. Por ello, ahora el problema no solo es que siga vendiéndose marihuana ilegal y que esto suponga un riesgo para los ciudadanos, sino que ahora también se pone en peligro el negocio de quienes se dedican a ello de forma legal.

Por ello, dicen los agentes de policía que ahora se encuentran con una situación complicada, porque tienen incluso más trabajo que antes. Ahora tienen que buscar de forma incansable todas las granjas de cultivo de marihuana para detener estas plantaciones ilegales y también tienen que poner fin a las ventas ilegales que se producen en las calles. Las leyes está claro que necesitan cambios y que se tomen medidas para que la situación se regule.

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